sábado 24 de octubre de 2009

Primera vez

Con mis 18 años recién cumplidos, el fin de semana lo hice por primera vez. Esperé porque el hecho de ser "mayor de edad" -o semi mayor de edad- me hacía sentir más segura.
Estaba tan ansiosa que llegué diez minutos antes y tuve que esperar en su cómodo sillón de cuero negro mientras él se preparaba, hasta que me llamó y pasé a la otra habitación. Con los nervios de punta, temblando y preguntandome si no me iba a arrepentir, le dije que era la primera vez que lo hacía. Sonrió y me dijo que me quedara tranquila. Yo lo había elegido a él porque me inspiraba confianza; la primera vez que lo ví supe que era el indicado.
Empezó despacio, de una forma suave, pero después no había forma de pararlo y yo tenía ganas de gritar de dolor. Estaba en una posición muy incómoda y no veía la hora de que termine, pero me la banqué lo mejor que pude, pensando que mucha gente había pasado por lo mismo y no lo había considerado algo tan dramático. Si fuera así, nadie lo haría, ¿no? Tal vez estoy exagerando.
Diez minutos después ya estaba afuera, y respiré el aire de la tarde mientras el color volvía a mi cara, pensando que mi tatuaje había quedado hermoso.

miércoles 14 de octubre de 2009

Llegará el día...

- Llegará el día en que ya no te vea en todos lados, y al buscarte no te encuentre.
- Llegará el día en que ya no recuerde tu voz claramente.
- Llegará el día en que no te necesite al lado mío, y serás simplemente un buen recuerdo.
- Llegará el día en que no me afecte verte seguir sin mí, y el resentimiento y la bronca se irán.
- Llegará el día en que yo sea la misma de antes.

sábado 3 de octubre de 2009

Algunas consideraciones sobre salir a bailar

Es inevitable que cuanto más enganchada bailando estés, pase alguien como una tromba y te empuje, desarmando toda la ronda. En la mayoría de los casos es una chica y está borracha, o peor, se hace. Tampoco falta el imbécil que se meta en el medio pensando que así se va a ganar a alguna de las chicas que conforman la ronda. Iluso.

Y, ¿viste cuando ya no das más y te vas a sentar o simplemente te apoyás contra una columna para recobrar fuerzas, y viene un flaco haciéndose el banana y te pregunta cómo es que estás ahí plantada y te saca a bailar, e insiste hasta que le ponés la peor cara de pocos amigos? Flaco, soy perfectamente capaz de moverme, creeme: tengo dos piernas como las que tenés vos, y si quisiera las usaría para abandonar mi cómodo asiento y volver a la pista.

Tampoco falta el que te tira medio trago encima, el que está medio duro, el que te quema con el cigarrillo o es quemado por vos y te lanza una mirada asesina, o los cholulos que se desesperan por subir al escenario -ayer en Pacha, el requisito era darse un pico entre personas del mismo sexo (what?)-

Sin nombrar los miles de tipos de chamuyos existentes, que día a día se van renovando para parecer originales y creibles. Y las parejas de adolescentes on fire, los especímenes, los pajeros, las trolas, los piratas, los winners.

Aclaro: por más amarga que parezca, juro que me gusta salir y de hecho me divierto; pero no podía pasar por alto estos puntos infaltables en la noche de boliche.
Tampoco puedo dejar de mencionar que, claro, me había olvidado: la ley natural de la vida dice que los chicos (lindos) sólo se te acercan cuando estás de novia.

lunes 28 de septiembre de 2009

Dejá, yo (no) me entiendo

Las despedidas siempre son tristes, porque nos separamos de algo -o alguien- que tiene cierta importancia para nosotros y es, de alguna forma, querido. Al principio duele, cuesta; pero de a poco uno se va acostumbrando a vivir sin ese algo. Dicen que el tiempo nos ayuda a olvidar.

Yo no estoy tan segura de que las despedidas deban ser cortas. De hecho, creo que esta aun no terminó, y no estoy segura de cuándo lo hará. Es que es tan difícil dejar de lado todo lo vivido y empezar de nuevo, que por poco no me dan ganas. Sé que tampoco es bueno aferrarse al pasado, porque uno termina viviendo en una mentira, en algo que ya fue. Ya fue. Esa frase me suena conocida.

Es todo muy raro, me siento bien y me siento mal. Todo siempre tiene su parte buena y su parte mala, depende a cuál le prestemos más atención. Uno trata de consolarse diciendo que tomó la mejor decisión, que era inevitable y tuvo que hacerlo. Pero, ¿qué pasa si tomamos la decisión más errada? ¿Qué pasa si la cobardía gana?
En lo personal, lo que más me altera de todo esto es no saber por qué pasó. Si al menos tuviera algo de qué culparme -o culparte- en vez de mirar atrás y ver nada más que recuerdos felices...

jueves 3 de septiembre de 2009

La Kelly (mpia)

No es que yo la discrimine por su trabajo ni por su condición -aunque cuando me cuenta lo copado que está ir a bailar a Jesse James me da escalofríos- pero no puedo evitar, cada vez que desaparece algo, pensar que Mary se lo robó. Deberías estar avergonzada, Sardina.

viernes 28 de agosto de 2009

Como en el eter

Cierto, cierto. Yo tenía un blog. Es que estuve en la nada misma, muy ocupada (miento) con el colegio, el cada vez más cercano viaje a Bariloche, las pruebas y trabajos "para antes de irnos" y el interminable proceso de decidir qué hacer el año que viene -me gusta esto, también esto, ¿y por qué no sigo esto? capaz con esto gano más plata...

Bueno, uno siempre -o generalmente- sabe medianamente lo que le gusta y lo que no, lo que le es fácil y lo que no. Pero cuando toda tu vida y tu futuro va a estar condicionado por una sola decisión, es cuando empezás a preocuparte. Claro, tal vez no sea tan complicado ni catastrófico -de hecho estoy segura de que no lo es- pero así es como lo veo actualmente, mientras vienen las universidades a dar charlas a mi colegio y facultad veo facultad quiero.

En realidad hace tiempo sé que ni siquiera voy a ir a la facultad, o al menos no por ahora. Alguien una vez me dijo que el Periodismo era más bien un oficio y no hacía falta matarse cinco años para ejercerlo. De hecho ya fui a mi lugar elegido, lo inspeccioné, hice preguntas y salí decidida a esperar al primer día hábil de Noviembre, fecha en que comienza la inscripción. Pero hasta ese momento siempre voy a tener momentos de debilidad e inseguridad, sobre todo mientras vea gente que ya está haciendo cursos de ingreso o preparando materias básicas.

Hay tiempo, hay tiempo. Me limito al día a día, y sigo disfrutando mi último año de colegio, mientras espero el legendario viaje de egresados.

martes 18 de agosto de 2009

Sentí-mentalismo

Nunca voy a olvidar el frío que pasé esa tarde, hace exactamente un año. Me levanté pensando en lo rara que era la idea de vernos: hacía ya un año nos conocíamos, pero nunca habíamos pasado mucho tiempos juntos. Tenía miedo de aburrirte, de que esperaras otra cosa de mí distinta a lo que en realidad era, miedo de que ni siquiera llegaras.

Pero ahí estabas, y yo no sabía qué hacer. Todavía no entendía cómo había tenido el valor para confesarte lo que sentía, yo nunca había hecho algo así -jamás. Pero vos no parecías notarlo, o lo disimulabas demasiado bien. ¿Y si no sentías lo mismo? No quería que me tengas lástima, ni que nuestra "amistad" se arruinara. En realidad yo nunca había sido tu amiga, ahora lo entendés muy bien e incluso nos reimos de eso. En realidad todo había sido parte de mi estrategia.
Cuando llegaste no sabía qué hacer, así que opté por hablar. Hable, hable y hable. Hable demasiado. ¿Qué me pasaba? Tampoco había hecho eso nunca, yo suelo ser una persona callada.

Supongo que esa fue una de las tantas cosas que cambiaste -para bien- de mí. Todavía no terminamos de reirnos de esa primera cita, de burlarnos de cada detalle de lo que pasó hace ya un año. Y es por eso, y por millones de cosas más, que estar con vos me hace feliz.

Sardina sentimental, en el día que cumple un año con su novio Facundo.